
Estaban ellos dos bajo la lluvia
que siempre invade la privacidad de Xela,
casi todos los días,
hablando de sus alegrías y tristezas,
todo respecto a los mutuos sentimientos,
viendo sus zapatos mojados,
malolientes,
para todo esto, se dieron cuenta que lo que estaban haciendo
era algo cotidiano,
algo que hacia interesante su relación,
el estar sentados en aquella banca,
como enamorados, solo platicando.
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